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Título: Duet Parte Uno: Merry: Serenade mesto Sempre
Autor: Aratlithiel Resumen: Merry recuerda a Frodo Categoría: Drama Personajes: Merry Calificación: PG |
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27 de Agosto del 2.003
DUET Parte Uno
Merry Serenade mesto Sempre
Te he visto, hoy, ¿sabes? No me refiero a que haya visto a algún joven delgado y de pelo oscuro que me recordara a ti y me hubiera convencido. No. Te vi. Caminabas a mi lado sin prisa como cuando vagábamos por la orilla del río... sin hablar, sin hacer nada más que estar allí con las manos en los bolsillos y entonces tú me dirigiste esa suave sonrisa picarona de las tuyas... y el corazón me estalló en mil pedazos.
Me lo has hecho ya incontables veces desde que te fuiste, y siempre, cada vez que paso por el río, tengo la esperanza de verte de nuevo. Incluso he llegado a ir a propósito a veces, esperando invocarte allí con mi mero deseo, pese a saber lo que me hará el verte. Es un dulce dolor que no cambiaría por nada.
Tengo el mismo y doloroso recuerdo cada vez que miro al rostro de tu primo pequeño. Esos rasgos tan propios de los Tuk en la barbilla y la nariz, la fina curva entre las mejillas y las sienes... todo ello sirve para acordarme de ti, porque veo tu reflejo en su rostro serio. Debería alegrarme que una parte de ti permanezca entre nosotros, pero en vez de eso me acuerdo de la ausencia de la otra mitad de mi alma... la mitad que te llevaste a través del mar.
El mar siempre me había causado admiración y pavor, y ahora entiendo por qué. Ahora me envuelve con la pérdida y el vacío tan vasto como su alcance. No quiero seguir buscando. No quiero seguir oyendo su voz en mis oídos noche tras noche cuando pienso en ti. Quiero que se detengan las mareas, que la luna caiga de su sitio en la noche, que el sol se hiele y se precipite de los cielos por la desgracia... porque te has ido y nada es como debiera.
Te echo tanto de menos.
Nunca imaginé que era posible sentir tanto dolor y seguir vivo, llevarlo día a día en el corazón y seguir respirando. Me encuentro siguiendo con las cosas cotidianas en raras ocasiones, y de repente me sorprendo con que puedo hacerlas. Puedo estar en mitad de una conversación con un vendedor o algo así y de repente me sacude el pensamiento: Frodo se ha ido y no va a volver nunca.
O tal vez salgo solo en la balsa, simplemente buscando una bendita soledad, o quizá para divagar con alguna introspección una y otra vez. Saco el pie por un lado como solías hacer, veo el agua pasar por mis tobillos y oigo el murmullo de la corriente, y el susurro del viento en los árboles.
¿Recuerdas la balsa, primo? ¿Recuerdas cuántos días dorados pasamos en medio del río haciendo como que pescábamos? Yo me tumbaba a un lado, cerraba los ojos y me dejaba envolver por el calor y la quietud del día. Y tú te sentabas al otro lado con los pies en el agua, inmerso en los sueños que ocupaban tu mente detrás de tus ojos.
Ahora voy allí solo, tratando de llevarte conmigo, tratando de creer que tu espíritu camina a mi lado. Saco el pie de la balsa y me quedo pensativo, como tú solías hacer, pensando en rescatar algunos de esos sueños que llenaban tu corazón y que revoloteaban sobre la superficie del agua, haciéndose uno con el río.
Lo hiciste parte de ti, a este cruel traidor, este ladrón de cariño y de hogar. Perdonaste su intrusión y lo llevaste en tu corazón, aceptándolo por completo como siempre has hecho y te has conducido a través de la vorágine de tu vida. Y a cambio, tú te has convertido en parte de él. Ha tirado de las esperanzas y las lágrimas de los jóvenes que las ofrecían, y las ha sumergido en su líquido corazón, guardándolas, llevándoselas hacia las tierras que toca en su deambular.
Y así, te busco en esta agua. Busco esos sueños que una vez vertiste libremente desde tu corazón hacia las cenagosas profundidades del agua color coñac. Me inclino sobre la rizada superficie y trato de atrapar la esencia de ti que juega en la brisa. Sólo que ahora no hay contrapeso al otro lado de la balsa y pienso, Cuidado, Frodo no está aquí para agarrarte si te caes. Y de nuevo la idea de que te has ido vuelve a golpearme.
Te has ido y nunca te veré de nuevo.
Nunca saldremos de nuevo a explorar los campos de altos pastos, con el rocío colgado de sus puntas esmeralda, deslumbrando nuestros ojos medio nublados por los primeros rayos de un amanecer rosado, y empapando nuestras rodillas. Nunca me quedaré adormilado con tu suave voz canturreando y llenando mis sueños con su ritmo y su melodía. Nunca me despertaré con tus melodiosas risas en la cocina bañada por la luz del sol en Bolsón Cerrado cuando bromeas con Sam y preparas el desayuno para tu primo todavía acostado. Nunca... ah, pero ya son demasiados “nunca”.
No he podido hacerme a la idea de esa palabra en mi mente: nunca. Me la repito a mí mismo en mi cabeza y la repito en voz alta cuando estoy solo.
Nunca. Nunca. Nunca.
La digo una vez y otra hasta que la palabra cae muerta y triste desde mi lengua, y deja de tener sentido en el vacío eco que reverbera en mi corazón con cada repetición. La pronuncio en alto, ansiando que quizá una de esas veces el significado de pronto se revele y finalmente logre comprender cómo una palabra tan pequeña ha destrozado todo mi universo.
¿Cómo es posible que me hayan apartado de la única persona sin la que no puedo vivir? ¿Cómo puede el Destino ser tan cruel como para arrebatarme lo único que no puedo perder?
Cierro los ojos y veo tu rostro delante de mí, y oigo tus palabras cuando nos abrazamos en los muelles envueltos en nieblas de sal. Por favor, Merry. ¿Lo entiendes? ¿Lo intentarás? Miré a tus ojos insondables y supe que no había otro camino para ti. Supe que pedirte que te quedaras era como pedirte que murieras. Probablemente ya lo había sabido cuando te dije en Minas Tirith que confiaras en mí... y te prometí que encontraría la manera de curarte.
Y entonces, ahí estabas, suplicándome sin palabras que comprendiera que yo no podía curarte, con la promesa en tus ojos de que encontrarías tu propio camino. Vi el sol destellar en tu cabello oscuro y las lágrimas como diamantes tallados sobre tus mejillas pálidas. Lloré y asentí, te dije que lo comprendía. Sonreíste suavemente y respondiste a mi asentimiento con otro... pero, naturalmente lo sabías. Sabías que yo no lo comprendía en absoluto. Aún sigo sin entenderlo, pero te prometí que lo intentaría.
Aún puedo sentir tus brazos a mi alrededor ese día. Más fuerte de lo que solían ser tus abrazos, y con un temblor que iba más allá de aquella fuerza, desmintiendo la faz serena que nos mostrabas a todos.
¿Tenías miedo, primo? ¿Te preocupaba que quizá el Reino Sagrado no estuviera hecho para alguien tan atado a la tierra? ¿Temías que una gran ola, inmensa y borrosa, pudiera salir a tu encuentro, y te arrastrara cruelmente de la cubierta y te arrojara al bullicioso mar por tu atrevimiento de intentar entrar a tal lugar?
Ah, pero yo podría habértelo dicho: que ninguna alma en ese barco merecía más que tú el estar allí. Puede que fueras un hobbit, querido primo, pero no estabas atado a la tierra. Creo que finalmente empiezo a entenderlo ahora. Siempre fuiste demasiado bueno para este mundo, y yo tendría que haberme imaginado que te perdería por alguna causa mística. Debería haber sabido que eras, simplemente, un alma demasiado elevada para quedarse aquí atada mucho tiempo.
Pero nunca imaginé que pudiera ser de este modo. Nunca me habría esperado que tu recompensa por tu noble empresa pudiera ser un castigo más cruel para todos nosotros. Te hemos perdido, y tú... tú lo has perdido todo. Oh, Frodo, lo siento tanto.
Tu partida, tu Misión, tu vida... todo una contradicción, como tú, como siempre fuiste. Muchos creían que eras frágil, pero ¡ay! de quien pretendiera doblegar la voluntad oculta más allá de tu gentil exterior. El huérfano errante que era un hijo de esta tierra, y un amante del hogar y de la chimenea. Esos vivaces ojos, y ese semblante joven albergaban un alma tan profunda y tan antigua como el mismo tiempo. El corazón que encontraba perdón para la terrible traición, pero que no podía encontrar lo suficiente para consolar su propio y terrible dolor.
Oh, Frodo, ¿has encontrado la paz? ¿Te han ayudado a comprender tu victoria sobre el mal que te obligó a desligarte de tu alma? ¿Crees ahora?
Yo quiero creer que ahora te sientes completo. Quiero creer que dejarte partir valió la pena y el dolor de tu pérdida... mi pérdida. Debo creer en algo que no sea este vacío que siento a mi lado donde solías estar apoyándome, que no sea mi aliento roto por el llanto que clama a los cielos por el pesar que abate mi corazón. Porque ¿cómo puedo seguir adelante, sabiendo que tu último sacrificio fue para nada, que dejaste atrás cuanto amabas sólo para morir solo de desesperación sin comprender jamás que fue tu triunfo sobre el mal lo que te condenó?
¡Ah! ¡No puedo soportar la idea! Me consuelo con el pensamiento de que la gente grande con la que navegaste no te permitiría seguir creyendo que fallaste, no se quedarían viendo encogérsete el corazón y castigarte a ti mismo por fallarte las fuerzas al intentar lo imposible. Trato de convencerme a mí mismo de que se preocuparán por ti, te cuidarán, alimentarán tu espíritu y restaurarán tu alma.
Pero entonces me acuerdo de que esa misma gente grande fue la que te puso en el camino que llevó a tu destrucción, y no puedo encontrar la confianza en mi corazón hacia ellos. Porque ya te han usado una vez, primo. ¿Cómo puedo confiar en que no lo harán de nuevo?
Pippin, desde luego, no. A veces me pregunto si los Portadores de Anillo navegaron contigo porque les llegaba su hora, o si simplemente eran lo bastante listos para escapar antes de que la ira de los Tuk cayera sobre ellos. Él piensa que te nos robaron; que te engañaron y traicionaron y entonces te apartaron de todo cuanto habías conocido.
Me preocupo por él.
Él te lleva consigo, pero con su mal genio cerca, sacándolo al menor descuido cuando el dolor se le hace demasiado grande para soportarlo. No es por tu partida que se ponga así, nada de eso. La idea de que finalmente hayas encontrado la paz es el único consuelo que tiene.
Más bien, es que se le ha metido en la cabeza que con quien tiene que estar enfadado es con Gandalf, y, probablemente, con todos los elfos que ha conocido. Tú le sacudirías la cabeza y le regañarías, primo, porque se vuelve muy intratable con todo este asunto. Realmente irónico, tú serías el único que podría hacerle recobrar el buen sentido. Pero no temas, querido Frodo, Sam se esfuerza todo lo que puede con Pippin, igual que yo.
Y Sam... Sam no tiene ninguna duda de que ahora estás disfrutando del descanso que te ganaste por tanta sangre y tanto sacrificio. Le ha llevado algo de tiempo, no obstante. Pero la tristeza ha dejado sus ojos y ahora te recuerda con gozo y rinde honor a tu memoria viviendo la vida que tú le legaste. Se tomó tus palabras de despedida muy a pecho y vive plenamente la vida que a ti se te negó. No sé dónde encuentra tanta confianza... pero desearía poder compartirla.
Pero lo estoy intentando, primo. Cada día, me despierto y recapacito en lo que querías que hiciera, e intento con todo mi corazón hacerlo así.
Pero todavía no logro evitar mirar al Fin del Mundo con no poca impaciencia. ¿Crees que eso me convierte en un miserable? ¿El desear la destrucción del mismo tiempo para que así, una vez más, pudiera sentir el consuelo de un cálido abrazo que significa una parte de mi vida durante tantos años que ya se me ha grabado en la piel? ¿Que vea con gozo la hora en que las estrellas cesen su baile en el firmamento para poder mirarte una vez más a esos ojos que para mí eran el significado mismo del amor y la amistad?
Entonces, sea un miserable, porque no puedo evitar esperar el día en que el mar muera y los cielos griten y yo pueda correr a tus brazos y finalmente llenar ese vacío en mi corazón que me ha dejado tu ausencia.
Y no pienso pedir disculpas. Y así, camino por el río contigo a mi lado, con tu imagen difusa a la luz del sol, y con mi dolor al querer abrazar el espejismo a mi lado, pero no atreverme. No perdería esta pequeña gracia por querer abarcar más.
Así que, en vez de eso, me vuelvo para contemplar ese amado semblante, y te devuelvo esa sonrisa de las tuyas con una propia.
Es contagiosa, esa sonrisa. Nunca he podido resistirla.
N/A: Serenade: un pieza musical en honor a alguien o algo Mesto: Triste Sempre: Siempre
Translated to Spanish by: Balboa
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