|
|
Título: Duet Parte Dos: Pippin; Lament Aubade da Berceuse
Autor: Aratlithiel Resumen: Pippin recuerda a Frodo Categoría: Drama Personajes: Pippin Calificación: PG |
|
27 de Agosto del 2.003
DUET Parte Dos
Pippin Lament Aubade da Berceuse
Eras tú con quien soñé. Estoy seguro. Me desperté con una sonrisa en los labios y el corazón cálido, y supe que eras tú el que me había abrazado antes de abrir los ojos ante los primeros gentiles dedos del alba teñida de lavanda. Si tan sólo pudiera recordar... si tan sólo pudiera ver tu rostro.
Necesito verte y saber que estás bien... y curado. Necesito saber que no te dejé ir a una tierra extraña sólo para sufrir tu enfermedad entre extraños. Necesito saberlo.
Te dejé ir. Es gracioso, ¿cuándo te he dejado yo hacer algo alguna vez? Tu voluntad era siempre tuya, querido primo, y eso, más que ninguna otra cosa, fue nuestra salvación y tu perdición. Porque tu voluntad fue la que te llevó a atravesar la Tierra Negra cuando tu cuerpo no quería más que rendirse a la muerte que te pisaba los talones con traicioneras promesas de descanso y bendito silencio.
He oído la historia, ¿sabes? Sé que te perdiste a ti mismo por completo a cada paso que dabas hacia el vil núcleo de todo el mal. Cómo tras ser despojado de todo cuanto eras, te quedaste vulnerable, incapaz de cubrirte aun cuando podías perder tu corazón para siempre?
¿Fue entonces cuando ocurrió? ¿Fue entonces cuando el vacío invadió tu alma? ¿Fue entonces cuando te diste cuenta de que nunca podrías regresar? O quizá incluso antes ¿Fue cuando yacías desnudo e indefenso ante aquellos enemigos de dientes afilados en la Torre cuando lo comprendiste?
Lo pregunto porque no me pareciste sorprendido. Como si destruir la cosa más diabólica del mundo deparara el exilio de tu hogar y de tus seres queridos. Como si hacer la voluntad de los Sabios fuera la justificación para perder todo lo que amas y por lo que tanto habías luchado.
Lo aceptaste todo con una gracia que no pude, no puedo comprender cuando todo lo que yo quería hacer era tirarme al cuello de alguien y apretárselo hasta que te quitaran esa tristeza de los ojos y te devolvieran a mí.
Mis lágrimas no son sino armas inútiles empuñadas contra aquellos que te apartaron de mí, pero las derramo de todas formas. Porque, ¿qué otra elección tengo ahora? ¿Qué otro recurso tengo contra el destino que te ha usado tan cruelmente y luego te ha apartado de todos nosotros y de todo lo que amabas? Un destino que ofrecía la paz y el hogar ante ti después de que hicieras lo que se te pidiera, sólo para arrebatártelo otra vez cuando finalmente fueras capaz de reunir las fuerzas para hacerte a la idea.
Merry cree que debería estar agradecido, feliz porque se te ha dado la oportunidad de alcanzar esa paz que tanto merecías. Y lo estoy, en serio. Lo estoy.
Pero, oh, primo... ¿por qué no podían haberte dejado en paz desde el principio?
¿Por qué tuvieron que ser tus delgados hombros los que tuvieron que llevar semejante carga? Tu corazón era el más fiero y el más amable que jamás he conocido, así que, ¿por qué fue elegido para que te lo arrancaran del pecho y lo sostuvieran delante de tus ojos mientras caías al vacío dejado atrás?
Tu amor y tu sabiduría no tenían igual, y la cosa vil que transportaste lo sabía... y lo usó contra ti. Te hablaba suavemente de alcanzar a quienes amabas para que te acercaras más y más, dejándolo entrar en tu corazón, cubriendo tu alma como un escudo ante nosotros y dejándole a él que te devorase.
Y ahora me pregunto cómo pude quedarme plantado y ver cómo ocurría.
Oh, por supuesto que me consuela la idea de que simplemente no sabía lo que estaba ocurriendo... no podía ver lo que ocultabas tras el cariño que irradiaban tus ojos y el tacto cálido de tus abrazos. No lo sabía. No. Y no creo que pueda perdonarme a mí mismo por ello.
Deberia haberlo sabido. Debería haberlo visto, debería haberlo entendido. Porque, ¿sabes? Te conozco. Y debería habérseme ocurrido lo que estabas haciendo, el modo en que batallabas contra esa cosa monstruosa a cada segundo que pendía de tu cuello. Cómo a cada asalto su malicia se encontraba con tus defensas de amor y, ¡oh! primo... cómo debe haber temblado cuando se dio cuenta de la grandeza del alma a la que debía hacer frente.
Espero que al final te temiera. Espero que se encogiera de horror cuando cruzaste el umbral de esa puerta oscura. Espero que se retorciera de agonía cuando las llamas lo consumieron. Espero que muriera lleno de dolor y de pavor y que fuera consciente en sus últimos instantes de que eras tú quien le había llevado a su destrucción. Espero que te viera en toda tu luz y tu gloria al final de su diabólica existencia, y muriera de terror ante la belleza de tu alma.
Espero que sufriera.
Y, los Valar me ayuden, espero que los Sabios que te pusieron en tal camino también hayan sufrido.
Ya sé lo que me dirías, que no debería estar enfadado, que debería aligerar mi corazón y perdonar, que esa amargura sólo servirá para intensificar mi dolor. Y tendrías razón, por supuesto. Pero no puedo evitar que me hierva la sangre por aquellos que te pusieron en ese camino y te observaron mientras te tambaleabas por tu corazón vacío, llorando por la nada en tu espíritu.
Al final se te llevó, te aplastó, te rompió, te despojó de todo y te dejó hueco y gastado. Se te llevó tu amor y lo convirtió en culpabilidad, se te llevó tu coraje y te dijo que era soberbia, se te llevó tu fuerza y te hizo creer que era debilidad.
Y ellos dejaron que pasara.
Observaron mientras el fantasma te susurraba y no hicieron nada para apartar la voz, no hicieron nada para aligerar el dolor, no hicieron nada para ayudarte a recuperarte de la brusca separación de tu hogar y tus amigos. Y por eso ahora quiero que ellos sientan el dolor que yo siento. Quiero que miren en tu corazón y vean el pesar y la profunda amargura que yo vi ahí. Quiero que lloren por el daño que han hecho a un ser tan bueno y tan noble y que, inmortales o no, no podrán vivir los años suficientes para igualar la belleza de tu hermosa alma. Quiero que sepan lo que te han hecho.
Pero sé lo que querrías que yo hiciera, mi querido primo, y por eso intento transformar mi ira en generosidad, mi amargura en resignación. Intento con todo mi corazón creer que es así como tú lo harías, que esa travesía por el mar era una recompensa para ti y no el último y triste acto de un alma que ya ha perdido toda esperanza.
Pero mi mundo se ha vuelto gris y sin color, ¿sabes? Magos grises, fantasmas grises en barcos grises adentrándose en una gris niebla, y ahora me cuesta ver los tonos radiantes del calor y el amor que tú nos legaste, la tierra por donde caminabas y dejaste tus huellas. Quiero caminar por esas mismas pisadas, sentir el calor de tus brazos sobre mí, saborear el amor que brotaba por todos tus poros mientras caminabas entre nosotros.
Y en esos breves instantes, cuando puedo hacer a un lado mi furia, y sofocar mi amargura, ...por unos breves momentos, puedo cerrar los ojos y sentirte. Siento tu abrazo, apretándome fuerte y ¡oh, primo! Lloro desde lo más profundo de mi alma, por cuánto te echo de menos.
Creo que Sam lo comprende mejor. Ese día cabalgamos de regreso a casa en el más absoluto silencio, ¿sabes? A veces miraba a Merry, y le veía con la mandíbula apretada, y los ojos brillantes de las lágrimas que se negaba a dejar escapar. Había cogido el relevo de tu rol de líder. Te habías ido y la carga ahora recaía sobre él, y se negaba a rendirse a las lágrimas aunque todos sabíamos que estaban allí. Aun así, estaba decidido a hacer que te sintieras orgulloso.
Pero Sam... oh, Frodo. Esa noche se me rompió el corazón al verle. Los hombros caídos, la cabeza bajada hasta dar con la barbilla sobre el pecho. Pero sus ojos, primo. Sus ojos estaban tan vacíos como la silla de montar de Trancos. Nunca pensé que viviría para ver el día en que Samsagaz Gamyi quedara despojado de toda esperanza.
Ahora está mucho mejor, creo... al menos eso parece. Está convencido de que has encontrado lo que necesitabas al otro lado del Mar, y rezo porque tenga razón. Cómo puede saberlo es algo que no logro imaginar, pero me basta con su simple y llana sabiduría para tomarle la palabra a cuanto diga.
Dice que te has curado y que estás en paz, y quiero creerlo. Lo creo. Debe de saberlo, después de todo, y veo en sus ojos que, de alguna manera, lo sabe. Lo creo. Lo sé.
Pero, con todo, no puedo evitar desear que vuelvas.
Ya sé por qué no nos dijiste que te ibas, por qué intentaste darnos esquinazo. Sabías que si uno de nosotros te pedía que te quedaras, si uno de nosotros se arrojaba a tus pies y te suplicaba que no te fueras no habrías sido capaz. Te apreté tanto en aquel abrazo cuando te dije adiós que temí que fuese a romperte. Me aguanté las lágrimas, intenté ser valiente, hundí mi rostro entre tu cabello, respiré hondo tu aroma para quedarme con él. Sonreí, te miré directamente a los ojos... y mentí, te dije que estaría bien.
Pero que el Cielo me perdone, Frodo, porque por un momento me sentí tentado. Pensé en pedirte que te quedaras... aun sabiendo las consecuencias. Durante un terrible aliento no me importó lo que fuera de nosotros siempre y cuando significara que en ese momento no tendría que soltarte y verte partir lejos de mí en ese barco de fantasmas. Perdóname, primo. No tengo excusa, y te habría seguido a cualquier final si hubiera sido capaz, si tan sólo se hubiera prolongado un poco más.
Merry se preocupa por mí. Ve mi enfado y piensa sólo en calmarme como tú lo harías. Cree que me va a dar algo cuando me pongo colorado de la rabia. No comprende que necesito mi rabia. Necesito mis lágrimas. Porque sin ellas estoy perdido y a la deriva en la pena que me embarga.
Siempre me había figurado que te perdería, ¿sabes? Una parte de mí siempre supo que no serías mío para abrazarte tanto y que debía atesorar cada momento contigo como un don preciado. Y ahora me aferro a esos momentos. Los saco y los examino con la misma devoción que pondría un enano evaluando una gema. Los giro frente a la luz, y miro en sus aristas el reflejo de los momentos de nuestras vidas, y disfruto de la belleza que se me clava en el corazón y en mis ojos.
Pienso en cuando nos tumbábamos en el césped las noches claras, con un cálido brazo sobre mí mientras me señalabas al firmamento y dibujabas las estrellas contando las historias de reyes elfos y de nobles justas. Pienso en cuando nos escondíamos en la entrada a oscuras e intentábamos por todos los medios no traicionarnos con una risa cuando Bilbo pasaba por la puerta, y nos colábamos en la despensa como ladrones por la noche. Pienso en las alocadas piruetas sobre la hierba iluminada por el sol, volando por el aire como un pájaro libre pero a salvo con tus fuertes brazos a mi alrededor.
Pienso en estas cosas y dejo que la ira se me evapore como la niebla. Aligero mi corazón de las cadenas que les había puesto, aun cuando las lágrimas siguen bañando mis mejillas en su ardiente paso hacia mi alma.
Te quiero tanto, y te extraño más de lo que puedo explicar con palabras. Merry es mi corazón, querido primo, y yo soy el suyo. Pero tú, Frodo... tú eras nuestra alma. Y cada día es ahora una lucha por librar una y otra vez, porque no puedo resucitar para que estuvieras orgulloso de cómo renazco de mis cenizas. Porque estas cenizas son todavía espesas y amargas para mi boca.
Pero haré que estés orgulloso. Por ti iluminaré mi corazón con el tesoro de tu memoria, y viviré la vida que tú tanto sacrificaste para ofrecérmela en tus generosas manos abiertas. ¿Qué más puedo hacer, sino darte las gracias del modo en que deseabas?
Así que cada noche me acuesto esperando poder soñar contigo. Me tapo bajo los gruesos edredones, cierro mis ojos y recuerdo tu voz, hablándole a tu pequeño amigo de dragones y grandes guerreros. Recuerdo tu risa, elevándose hacia el cielo mientras tu joven primo hace de bufón, sólo para poder oír la música feliz y hermosa de tus labios. Recuerdo tu sonrisa, leve y curvada, pero suave y llena de regocijo. Recuerdo tus ojos, ardientes de fiero amor, brillantes por tu buen humor... joven y anciano, al mismo tiempo. Trato de olvidar cuando habían perdido la esperanza y en vez de eso elijo recordarlos llenos de fuego y de vida. Porque sé que es así como tú lo querrías.
Y así me acuesto cada noche, inmerso en mis recuerdos y el fantasma de tu cálido aliento en mi cabello. Te cojo de la mano y paseo contigo por los bosquecillos de Alforzada, pisando sobre tus pisadas y siguiendo el rastro de los sueños que tuviste allí hace muchos años. Recogiendo los deseos que dispersaste como pétalos de rosa.
Me aprietas la mano, te miro y me sonríes. No me has hablado, pero yo asiento de todos modos, y respondo a la pregunta que no pronunciaste.
Sí, querido primo, lo intentaré.
Por ti, lo intentaré.
N/A: Lament: lamento por una muerte. Aubade: canción matinal Berceuse: canción de cuna
Tranlated to Spanish by Balboa
| |